#laexperienciadeiratrabajar - Ana Cardona Coaching
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#laexperienciadeiratrabajar

Se habla mucho del comportamiento en la empresa, de cómo nos afecta la motivación, el estilo de liderazgo, la cultura empresarial, del clima laboral…

 

Pero cuando hablamos de experiencias solemos pensar más bien en nuestro tiempo libre: La experiencia de un viaje exótico, una cena, tirarse en paracaídas, ver ballenas, ir con la familia al zoo…

 

Parece que aquello que se hace de manera rutinaria no merece la pena como experiencia, pero yo creo que sí. De hecho ¡Son las experiencias rutinarias son las que conforman nuestra vida! ¿Qué hay de esa pequeña (pero maravillosa) experiencia de sentarte en el sofá después de un largo día de trabajo?

 

Toda experiencia, se plantee como buena, mala, rutinaria o no, tiene muchas caras, y por nuestra parte nosotros tenemos:

  • Emociones
  • Cinco sentidos
  • Una actitud determinada
  • Experiencias pasadas
  • Ciertas habilidades
  • Y muchas otras cualidades…

… que hacen que las maneras de gestionarla sean infinitas.

 

Recuerdo un viaje a un sitio que en la foto era idílico, y al llegar, resultó que los olores me resultaron tan desagradables que casi no era capaz de pensar en otra cosa, hasta que me di cuenta de que esa era una parte de la experiencia que no se ve en la foto, y que de hecho formaba parte de lo que había ido a conocer. Pensé “Si he venido y no he olido, escuchado, interactuado, sentido… ¿Qué tipo de experiencia he tenido?” Así que decidí disfrutar de ese momento, con olores incluidos.

 

 

Puedes dejar que un detalle te estropee la experiencia de vivir cualquier situación, o hacer de ese detalle un aliado para aprehender aún más esa experiencia. Depende de si quieres que el mundo sea como tú crees que debe ser, o de si decides disfrutar del mundo tal y como se te muestra.

 

Lo que ocurre es que la experiencia de ir a trabajar es más compleja… mucho más compleja diría yo.

 

Frecuentemente se habla del cambio de actitud. Es un tema muy recurrente en foros, cursos, formaciones, libros de autoayuda… porque realmente funciona. Lo que ocurre es que hay experiencias más y menos complicadas de gestionar, haciendo que la actitud no lo sea todo.

 

El ejemplo que he puesto es bastante sencillo:

 

Un viaje –> Una expectativa –> Un olor desagradable –> Una pequeña gestión de pensamiento y emoción…–> Y se hace la magia.

 

Ojala fuese así de sencillo cuando hablamos de ir a trabajar:

 

Un trabajo –> Un compañero que bloquea –> Un jefe que me grita…–> Una gestión de pensamiento y emoción –> Una respuesta adecuada… –> Y se hace la magia: –> Trabajo bien hecho –> Felicitaciones –> Y al fin…¡Merecido descanso satisfecho y feliz!

 

¿Has sonreído al leerlo? Será que te has dado cuenta de que a veces sí es así “de sencillo”… Pero no siempre.

 

No se puede pasar por alto el hecho de que cuando hablamos de la experiencia de ir a trabajar estamos hablando de una experiencia:

  • Que puede aportarnos seguridad económica.
  • Que tiene una larga duración.
  • Que nos aporta valor social.
  • Que nos permite desarrollarnos y aportar nuestro potencial por lo que impacta directamente en nuestra autoestima.
  • Que nos aporta valor emocional y de pertenencia.
  • Que tiene en sí mismo aspectos de disfrute e implicación relacionados con el propio trabajo: Si me gusta, si me resulta divertido, interesante, si creo que aporto valor…
  • Hay quien aboga por una experiencia de ir a trabajar diferente, como quienes deciden ser freelance o montar su propia PYME.

 

Podría seguir enumerando multitud de factores que influyen en nuestra experiencia de ir a trabajar, y que hacen de ella una de las experiencias más importantes de nuestras vidas.

 

Ahora bien, si alguno de los factores comentados no funciona bien, o percibimos algún tipo de conflicto externo o interno (creo que estoy mal pagado; no me siento socialmente aceptado; mi jefe no me valora bien; no me gusta el trabajo; o me encanta pero no consigo clientes, etc…) nuestra experiencia de ir a trabajar se puede ver realmente estropeada, convirtiéndose en la causa de un gran malestar, ya que se trata de una situación:

  • Que económicamente necesito
  • En la que paso mucho tiempo
  • De la que, por lo tanto, no puedo escapar con facilidad
  • Que puede estar minando mi autoestima (profesional, social y emocional) cuanto más se alarga en el tiempo
  • Y que hace de todo esto un círculo vicioso en el que me siento atrapado

 

Pero siempre, SIEMPRE, se puede hacer algo al respecto.

 

Y tú… ¿Disfrutas de la experiencia de ir a trabajar?

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