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#situacionesnodeseables

SITUACIONES NO DESEABLES

¡Claro que me gusta! Pero de alguna manera no me acaba de convencer esta corriente de desarrollo personal basada en el “tú puedes”, y en el pensamiento “superpositivo”.

 

¡La experiencia de ir a trabajar está influenciada por multitud de factores!

 

Llevo 17 años en desarrollo de habilidades en empresas y como coach, y he observado que hay clientes que tras cambiar la manera de verse a sí mismos y de posicionarse ante su realidad, acaban tomando la decisión de que el mejor cambio que pueden realizar es el de su entorno.

 

Creo que no podemos dejar de lado la evidente cuestión de que ante todo somos seres individuales con una personalidad, experiencia y manera de relacionarnos muy diferentes, lo que nos lleva en el trabajo a encontramos con comportamientos de todo tipo, entre los que se encuentran algunos que crean malestar (aparte de ansiedad, baja autoestima y otras consecuencias personales para el que las sufre).

 

Saber posicionarse ante quien genera lo que yo llamo “situaciones no deseables” que estropean la experiencia de ir a trabajar es clave para poder manejar ese tipo de situaciones.

 

Me refiero a esos jefes o compañeros que se relacionan de manera poco clara; que ignoran deliberadamente a alguien, que no cuentan con los demás; que explícita o implícitamente resultan agresivos, o que tiran balones fuera y no se responsabilizan.

 

Me gustaría hacer una pequeña reflexión sobre las características y la naturaleza de las relaciones que se generan en las empresas:

 

  1. Se busca el logro de resultados.
    1. Para ello trabajamos juntos, y hay que demostrar que, efectivamente, trabajamos. Unos trabajan más que otros, y por supuesto hay quien es más o menos responsable.
  2. Existe una relación de poder
    1. Por lo tanto hay quien decide si tú seguirás aquí mañana, o no, y en qué condiciones.
    2. Y partiendo de todo esto: Unos se llevan mejor con el jefe que otros. También surgen promociones internas que muchos quieren, hay quien tiene miedo a que le quiten el puesto, o a que otro lo haga mejor…
  3. Existe un prestigio profesional
    1. Que si te lo reconocen es una maravilla. Ahora bien, a este respecto, ¡unos se venden mucho mejor que otros! por lo que el prestigio profesional no siempre va unido a la calidad real del trabajo. Hay quien quiere apoderarse de las medallas de otros, quien no comparte información, o bloquea el trabajo de los demás…
  4. Somos seres sociales
    1. Muchas de las grandes amistades de la vida se forjan en el trabajo, lo que ocurre es que la faceta social del trabajo puede ser un arma de doble filo. El arte de ser popular es otro tipo de poder, y hay quien maneja muy bien el cotilleo social de manera destructiva, o quien es ninguneado por los compañeros por razones insospechadas, e incluso quien es maltratado, estropeando, de nuevo, la experiencia de ir a trabajar.

 

Resumiendo: Quitando que la mayoría de profesionales se mueven desde una ética personal y profesional bastante atinada, hay quien se mueve por “otras razones” quizá menos elevadas, ya que es posible que les superen ciertos hechos que están ahí latentes:

  • Todos queremos cobrar a fin de mes.
  • Todos tenemos una imagen profesional que mantener.
  • A casi todos nos gusta sentirnos socialmente aceptados como parte del grupo.
  • Hay a quien le gusta la sensación de poder.

 

Y para mí esta es la pregunta: ¿Qué hace que haya personas a las que estas razones les superen volviéndose malos compañeros o malos jefes, mientras que a otros no?

 

Por supuesto el dinero está por medio y eso siempre es una razón, pero aparte de esto ¿Puede tratarse de problemas de autoestima, seguridad, prepotencia, valores, o rasgos de personalidad complicados?

 

Algunos de los que los sufren, se acaban sintiendo bajo la influencia del conocido “Ajo y agua, así es la vida y esto es ir a trabajar” cosa que no es cierta, pero una vez asumida esta premisa, la búsqueda del cambio se hace más difícil. Estos son los que se ven enredados en situaciones no deseables durante largos periodos de tiempo, que por desgracia acaban pasándoles una factura emocional.

 

La mayoría se acaban cambiando de trabajo, o bien aguantan el chaparrón con menos victimismo siendo capaces de ver “qué hay en esa situación que les compensa”, o bien buscan ayuda de manera personal y externa.

 

Cuando deciden hacer esto último, suelen hacerlo mediante técnicas como la meditación, yoga, talleres de desarrollo personal y los procesos de Coaching.

 

Como coach, el apoyo a estos profesionales es un trabajo apasionante, porque suelen ser personas con un gran potencial que sólo necesitan volver a mirarse a sí mismas y hacerse las preguntas necesarias para encontrar esas repuestas que perdieron por el camino. Y además… ¡Es muy efectivo!

 

¿Pero por qué no paliarlo desde la propia empresa?

 

Ya hay organizaciones que ofrecen este tipo de servicios de manera totalmente confidencial, fuera de los programas de desarrollo y de las instalaciones de la organización, como un apoyo externo a sus empleados a la hora de gestionar situaciones que se viven como no deseables, y que en muchos casos son la razón de la fuga de talento. Estaría bien que poco a poco, ésta fuese una herramienta cada vez más extendida para el bienestar y la mejora de la experiencia de ir a trabajar.

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